
Bienvenidos y bienvenidas al curso para profesores 6. En esta lección ampliaremos nuestro campo de trabajo y nos desplazaremos fuera del terreno musical, aunque es fácilmente ampliable a éste.
Audio del Curso para profesores
Lo primero que deberemos hacer para discriminar (siempre positivamente desde el punto de vista del profesor, aunque haya padres que no lo vean así por ser cortos de miras) es escoger dos sujetos para el experimento, preferiblemente alumnos, del distintos tipos de coeficiente y a ser posible, el de peor, de clase social superior al otro.
Cuando hayamos conseguido reunirlos bajo un mismo techo, les realizaremos un examen escrito de una asignatura que no se considere como ciencia exacta, como ciencias sociales, o algo parecido, en el que pondremos a prueba sus conocimientos lo más arduamente posible, para que no saquen mucha nota.
Esperaremos unos días y los volveremos a reunir bajo un mismo techo para comunicarles el resultado de sus notas (recordar que estén lo más cerca posible el uno del otro para que se puedan enterar cada uno de la nota del otro).
Previamente habremos corregido sus exámenes de manera que sus notas estén lo más cerca posible de un número entero (o sus medias en caso de que hayamos realizado más de un examen) (5,93 y 5,8 por ejemplo).
Reunidos en clase le diremos en voz alta a cada uno la nota final de su evaluación (que deberá ser un número entero) y al listo, pero de clase social media (el del 5,93) le diremos que su nota es un cinco porque… porque tiene un punto negativo (en caso de no tenerlo, inventárnoslo y anotarlo); y al hijo de, le diremos que tiene un seis (éste es el del 5,8). No hace falta dar razones.
La indignación del pobre será tal que proferirá cantidades ingentes de insultos hacia nosotros y nuestros progenitores, pero no deberemos ceder. Escogeremos una postura de indiferencia, o de “sí, bueno, yo no puedo hacer nada más…” y lo ignoraremos hasta el resto del día.
Por último deberemos recordar dar esta noticia a los alumnos el último día de clase antes de unas largas vacaciones para que no tenga oportunidad de reclamar, ni ante nosotros ni ante el jefe de estudios, ya que el único que quedará el día siguiente en el centro será el conserje.
Y ya está, fácil y sencillo. Habremos complacido a una niña tonta pero rica, o al menos, la hija de un/a amigo/a, que nos deberá un favor, y habremos cabreado a una familia entera de clase media que no tendrá reparo en venir a quemar nuestra casa con antorchas y tridentes. Pero no importa, porque somos autoridad pública en Madrid y podemos meterlos en la cárcel a todos, por incultos y malhechores. Deberían pagarnos diezmos sólo por asistir a clase a que no les enseñemos nada, pero en fin, que se le va a hacer, el mundo se ha vuelto loco…
Hasta el miércoles de la semana que viene, malhechores.
Suscribirse







